A 50 años de la Noche de los Lápices: la historia que no se borra

A medio siglo de los secuestros que dieron nombre a uno de los episodios más recordados de la última dictadura, la Noche de los Lápices vuelve a poner en primer plano la historia de diez estudiantes secundarios de La Plata. Seis de ellos continúan desaparecidos y cuatro sobrevivieron después de atravesar centros clandestinos de detención, torturas y años de cautiverio.

Claudia Falcone tenía 16 años y estudiaba en el Bachillerato de Bellas Artes de la UNLP. Francisco López Muntaner, también de 16, cursaba allí como becado. Horacio Ungaro y Daniel Racero asistían a la Escuela Normal N°3. Claudio de Acha estudiaba en el Colegio Nacional de la UNLP. María Clara Ciocchini era exalumna de la Escuela Normal Superior de Bahía Blanca.

A ellos se sumaban Gustavo Calotti, Emilce Moler, Patricia Miranda y Pablo Díaz. La mayoría militaba en la Unión de Estudiantes Secundarios y varios habían participado durante 1975 de las movilizaciones por el boleto estudiantil secundario. La fecha quedó incorporada desde 2014 al calendario oficial como el Día Nacional de la Juventud.

Noche de los Lápices: diez estudiantes y un operativo represivo

Entre el 8 y el 21 de septiembre de 1976, grupos de tareas secuestraron a los diez jóvenes. Los operativos se desarrollaron durante los primeros meses de la dictadura y estuvieron vinculados al aparato represivo que actuaba en la provincia de Buenos Aires.

Los estudiantes fueron trasladados por distintos centros clandestinos, entre ellos Arana, el Pozo de Banfield y el Pozo de Quilmes. Cuatro sobrevivieron: Calotti, Moler, Miranda y Díaz. Los otros seis —Falcone, López Muntaner, Ungaro, Racero, de Acha y Ciocchini— permanecen desaparecidos.

El episodio quedó asociado durante décadas al reclamo por el boleto estudiantil. Sin embargo, la sobreviviente Emilce Moler planteó que esa explicación resulta incompleta. Según su testimonio, la persecución estuvo vinculada fundamentalmente con la militancia política de los jóvenes.

La propia construcción de la memoria del caso también tuvo una historia. El nombre “La Noche de los Lápices” se consolidó posteriormente a los hechos y adquirió una enorme fuerza pública a partir de los testimonios de sobrevivientes, el informe de la CONADEP, el libro de María Seoane y Héctor Ruiz Núñez y la película dirigida por Héctor Olivera.

El testimonio de Pablo Díaz que llegó al Juicio a las Juntas

Uno de los momentos decisivos ocurrió el 9 de mayo de 1985, cuando Pablo Díaz declaró durante el Juicio a las Juntas.

Su testimonio permitió reconstruir parte del recorrido de los estudiantes y de las condiciones de cautiverio. Díaz explicó años después que había asumido el compromiso de contar lo ocurrido con sus compañeros.

Durante su declaración reprodujo incluso un gesto que había quedado incorporado a su memoria: caminar con las manos detrás de la espalda, tal como lo obligaban a hacerlo durante el cautiverio.

Después de escucharlo, el fiscal Julio Strassera le dijo: “Vas a hacer historia”.

El testimonio convirtió a Díaz en una de las voces centrales para reconstruir el caso y contribuyó a instalarlo definitivamente en la memoria pública argentina.

De los primeros juicios a las condenas por los crímenes

La Justicia tardaría décadas en alcanzar algunas de las responsabilidades vinculadas específicamente con los estudiantes.

La causa conocida como Circuito Camps, que tuvo una sentencia en 2012, incluyó a las víctimas de la Noche de los Lápices dentro de un universo más amplio de crímenes cometidos por el aparato represivo bonaerense.

En 2024, el denominado Juicio Brigadas produjo una nueva sentencia de relevancia. El proceso, iniciado en 2020, investigó delitos cometidos en distintos centros clandestinos de detención y alcanzó a cientos de víctimas. Entre los condenados estuvo Juan Miguel Wolk, vinculado al Pozo de Banfield, por delitos relacionados con los jóvenes de la Noche de los Lápices.

La sentencia fue dictada por el Tribunal Oral Federal N°1 de La Plata y formó parte del largo proceso judicial iniciado con el retorno de la democracia.

Una memoria que también se construyó en el cine

La historia alcanzó una enorme difusión cultural con la película La noche de los lápices, dirigida por Héctor Olivera y estrenada en 1986. El filme se basó en la investigación de María Seoane y Héctor Ruiz Núñez y ayudó a instalar definitivamente el nombre del episodio en el imaginario colectivo.

A 50 años, la historia continúa presente en las escuelas y en la Universidad Nacional de La Plata. En 2026, la UNLP declaró el año como período de conmemoración de los 50 años del golpe de Estado y de la Noche de los Lápices, mientras sus colegios organizaron actividades para recuperar la historia de los estudiantes.