En medio de los esfuerzos oficiales por instalar la idea de una economía en recuperación, una frase del viceministro de Economía, José Luis Daza, dejó al descubierto uno de los principales desafíos políticos del gobierno de Javier Milei: convencer a la sociedad de que los indicadores positivos también se reflejan en el bolsillo.
El funcionario, considerado el principal colaborador de Luis Caputo dentro del Palacio de Hacienda, defendió el rumbo económico y aseguró que la transición avanza de manera sólida. Sin embargo, reconoció que existe una parte importante de la población que todavía no percibe mejoras concretas en su situación personal.
“Todavía hay gente que no lo siente y lo entendemos”, afirmó Daza al referirse al impacto de la recuperación económica sobre la vida cotidiana de los argentinos.
La declaración no pasó inadvertida porque llega en un contexto donde el Gobierno exhibe datos positivos de inflación, actividad y mercados financieros, mientras distintos sectores continúan denunciando problemas de consumo, empleo y poder adquisitivo.
La defensa del modelo económico
Durante una entrevista televisiva, Daza sostuvo que la economía argentina atraviesa una etapa de consolidación y calificó el funcionamiento del programa económico como “muy sólido” e incluso “espectacular”. Aun así, admitió que el proceso todavía no impacta de manera uniforme sobre toda la sociedad.
Para el equipo económico, una de las claves para acelerar la recuperación es ampliar el acceso al crédito. En ese sentido, el funcionario adelantó que el Gobierno trabaja en nuevas herramientas para facilitar préstamos en pesos y dólares, especialmente orientados al sector de la construcción.
La apuesta no es casual. La construcción es uno de los sectores que más empleo genera y que históricamente funciona como un motor de la actividad económica. Según destacó Daza, facilitar el financiamiento podría contribuir a una mayor generación de puestos de trabajo y acelerar la percepción de mejora económica entre la población.
“No va a haber plan platita”
En pleno clima preelectoral, el viceministro también buscó despejar cualquier especulación sobre medidas expansivas destinadas a mejorar el humor social.
“No va a haber plan platita”, aseguró, al descartar herramientas que impliquen un aumento artificial del gasto público para estimular el consumo antes de las elecciones.
La definición apunta a reforzar uno de los pilares discursivos de Milei: diferenciarse de los gobiernos anteriores y sostener el ajuste fiscal como condición indispensable para estabilizar la economía.
Sin embargo, la tensión política sigue siendo evidente. Mientras el oficialismo celebra la baja del riesgo país y la mejora de algunas variables macroeconómicas, la oposición insiste en que esos números todavía no se traducen en una mejora palpable para amplios sectores sociales.
El desafío político del mileísmo
La frase de Daza expone una realidad que preocupa al Gobierno: la diferencia entre los indicadores económicos y la percepción social.
La administración Milei apuesta a que la recuperación termine llegando al consumo, al empleo y al crédito durante los próximos meses. De hecho, el viceministro se mostró optimista respecto del futuro y aseguró que el riesgo país continuará bajando, un dato que el equipo económico considera clave para atraer inversiones y recuperar financiamiento.
Pero mientras los mercados celebran y el Gobierno exhibe resultados macroeconómicos, la batalla política sigue pasando por otro terreno: convencer a los argentinos de que la mejora también llegó a sus hogares.
Y fue justamente un funcionario de primera línea quien terminó reconociendo que esa discusión todavía está abierta.