La crisis económica ya no sólo se refleja en los bolsillos de los argentinos. También empieza a golpear con fuerza las cuentas del Estado bonaerense. Mientras el gobierno nacional exhibe la desaceleración de la inflación como principal logro de gestión, en la provincia de Buenos Aires crecen las señales de alarma por la caída de la actividad, el derrumbe del consumo y una recaudación que se ubica en niveles que no se veían desde hace casi una década.
El dato más contundente lo aportó el director de la Agencia de Recaudación de Buenos Aires (ARBA), Cristian Girard, quien aseguró que 2026 registra «el peor inicio de año desde 2017» en términos de ingresos tributarios, dejando de lado el período excepcional de la pandemia.
La advertencia coincide con el deterioro que también muestran las cuentas nacionales. Según informó el ministro de Economía bonaerense, Pablo López, la recaudación tributaria nacional acumula una caída del 5% en lo que va del año.
El consumo sigue sin reaccionar
Uno de los indicadores que más preocupa es la evolución del IVA, históricamente asociado al movimiento del consumo.
«Ya son siete meses consecutivos de contracción interanual y mayo volvió a mostrar una caída superior al 8%», explicó López, quien vinculó directamente esa situación con el enfriamiento de la economía y la pérdida de dinamismo en el mercado interno.
Desde la administración bonaerense sostienen que la combinación de salarios que corren detrás de los precios, caída del poder adquisitivo y apertura de importaciones está generando una dinámica que afecta tanto al sector privado como a las finanzas de provincias y municipios.
Comercios que cierran y rubros que desaparecen
La crisis se percibe con especial intensidad en las calles comerciales.
El presidente de la Federación Económica de la Provincia de Buenos Aires (FEBA), Alberto Kahale, trazó un diagnóstico contundente: «Estamos peor que en 2001».
Según explicó, cada vez son más frecuentes los cierres de locales de indumentaria y otros rubros vinculados al consumo discrecional. Muchos comerciantes abandonan esos negocios para intentar sobrevivir con emprendimientos ligados a productos de primera necesidad.
«Cierran comercios de ropa y abren locales de comida al paso o panaderías. Es lo que la gente sigue consumiendo en el día a día. Ya no rinde apostar al consumo interno», afirmó.
El pesimismo también llega al interior
La situación no se limita al Conurbano. Un informe elaborado por el Centro Regional de Estudios Económicos de Bahía Blanca (CREEBBA) detectó una caída cercana al 5% en las ventas durante el bimestre marzo-abril en distintos distritos del sur bonaerense.
El relevamiento incluyó datos de Bahía Blanca, Coronel Dorrego, Coronel Pringles, Puan, Saavedra y Punta Alta, y reflejó un clima de creciente preocupación entre comerciantes y empresarios de la región.
Las perspectivas para los próximos meses tampoco son alentadoras. La mayoría de los consultados espera que la actividad continúe estancada o siga retrocediendo.
La economía enfría y la caja se vacía
Mientras el Gobierno nacional defiende el ajuste como condición necesaria para estabilizar la economía, en la provincia de Buenos Aires comienzan a multiplicarse los indicadores que muestran el costo de esa estrategia.
Menos consumo implica menos ventas. Menos ventas significan menos recaudación. Y una menor recaudación reduce el margen de maniobra de los gobiernos provinciales y municipales.