Encuesta: Milei genera esperanza en unos y asco en otros

La polarización política en la Argentina ya no se expresa solamente en términos electorales. También aparece en las emociones. Una encuesta de la Universidad de San Andrés mostró que Javier Milei genera sentimientos completamente opuestos según el sector de la sociedad que lo observe: mientras quienes apoyan su gestión hablan de “esperanza”, entre sus detractores domina una palabra mucho más contundente: “asco”.

El dato surge de la última edición de la Encuesta de Satisfacción Política y Opinión Pública (ESPOP), realizada entre el 3 y el 8 de julio, y refleja hasta qué punto la figura presidencial continúa dividiendo a la sociedad argentina cuando ya transcurrió más de la mitad de su mandato.

La desaprobación supera el 60%

El informe muestra que el Gobierno atraviesa un escenario complejo en términos de opinión pública. Apenas un 34% de los consultados aprueba la gestión libertaria, mientras que un 62% la desaprueba.

El dato adquiere mayor relevancia porque casi la mitad de los encuestados, un 49%, manifestó una desaprobación firme de las políticas impulsadas por Milei. Del otro lado, sólo un 13% expresó un respaldo contundente al Presidente.

La medición ubica a Milei por debajo de Mauricio Macri en el mismo tramo de gestión, aunque la diferencia es reducida. Sin embargo, sigue mostrando niveles de apoyo considerablemente superiores a los que registraba Alberto Fernández cuando transitaba una etapa similar de su presidencia.

El “asco” contra la “esperanza”

Uno de los aspectos más llamativos del estudio fue la pregunta vinculada a las emociones que despierta el Presidente.

Cuando los encuestados debieron definir en una sola palabra qué sentimiento les genera Milei, aparecieron dos universos completamente distintos.

Entre quienes apoyan al Gobierno, la respuesta más repetida fue “esperanza”, una señal de que una parte importante de su base electoral continúa creyendo en el rumbo político y económico impulsado por la Casa Rosada.

En cambio, entre quienes rechazan la gestión, la palabra dominante fue “asco”. Detrás aparecieron otros conceptos igual de duros como “decepción”, “desilusión”, “rechazo” y “vergüenza”.

La fotografía que deja la encuesta es la de una sociedad atravesada por una grieta emocional profunda, donde las percepciones sobre Milei parecen moverse entre extremos sin puntos intermedios.

Bullrich y Kicillof por encima de Milei

Otro dato que llamó la atención fue el ranking de imagen positiva de los principales dirigentes políticos.

La ministra de Seguridad y actual referente de La Libertad Avanza, Patricia Bullrich, lideró la tabla con un 36% de imagen positiva.

Detrás apareció el gobernador bonaerense Axel Kicillof con un 34%, mientras que Milei quedó tercero con un 33%.

El Presidente comparte ese porcentaje con Myriam Bregman, una dirigente ubicada en las antípodas ideológicas del oficialismo.

Más atrás quedó Cristina Fernández de Kirchner con un 30%.

Sin embargo, el estudio aclara que todos los dirigentes evaluados presentan diferencial negativo, es decir, tienen más imagen negativa que positiva.

Una advertencia para oficialismo y oposición

La encuesta también deja señales de cara al escenario electoral.

Si las elecciones fueran hoy, el peronismo obtendría un 25% de intención de voto y La Libertad Avanza un 24%. Sin embargo, el dato más relevante es que un 27% todavía no sabe a quién votaría o prefiere no responder.

Para el oficialismo, el aspecto positivo es que conserva una fuerte fidelidad entre quienes respaldan la gestión. El 65% de los simpatizantes del Gobierno aseguró que volvería a votar a La Libertad Avanza.

Para la oposición, en cambio, aparece una alerta. El peronismo no logra captar automáticamente el voto de quienes rechazan a Milei. Apenas el 39% de los críticos del Gobierno elegiría una opción peronista, mientras que uno de cada cuatro todavía no encuentra una alternativa política que lo represente.

La encuesta deja una conclusión clara: Milei sigue siendo una figura capaz de despertar adhesiones intensas y rechazos igual de profundos. Y esa tensión emocional continúa siendo uno de los rasgos centrales de la política argentina.